La Comunicación InterVentricular o CIV es un defecto congénito en el corazón, donde existe un orificio en la pared (septo o tabique interventricular) que separa las dos cavidades ventriculares del corazón.

En un corazón sano, su lado derecho bombea la sangre sin oxigenar a los pulmones y su lado izquierdo bombea la sangre oxigenada al resto del cuerpo. Cuando existe una Comunicación Interventricular (CIV) la sangre fluye anormalmente del ventrículo izquierdo al ventrículo derecho en etapas iniciales de la enfermedad, a través del defecto en el septo o tabique interventricular, produciendo una mezcla (shunt o cortocircuito). Este recorrido anormal de la sangre hace que la cantidad extra que llega al ventrículo derecho, con el tiempo, incremente la presión en la circulación pulmonar (hipertensión pulmonar) y este es uno de los motivos por los cuales estos defectos se deben reparar una vez sean diagnosticados. El no repararlos puede llevar a complicaciones tardías como insuficiencia cardíaca, presión arterial alta en los pulmones (hipertensión pulmonar), ritmo cardíaco irregular (arritmia) o Accidente CerebroVascular (ACV).
La Comunicación Interventricular o CIV puede presentarse como un hecho aislado, correspondiendo a un 25% de todas las cardiopatías congénitas y también puede aparecer asociada a otras cardiopatías tales como: tetralogía de Fallot, canal atrioventricular, transposición de grandes arterias, truncus, entre otras.
La Comunicación Interventricular o CIV se clasifica según su localización y tamaño, dando como lugar a una gran variedad de manifestaciones.
Según su localización puede ser CIV membranosa, perimembranosa o subaórtica, que es la más frecuente de las CIV (75%), localizada debajo de la válvula aórtica y otras menos frecuentes como CIV muscular (15% de las CIV), CIV supracristal o del septo de salida (corresponde a un 5-7% de las CIV y no suele cerrarse espontáneamente y las CIV del septo de entrada (5% de las CIV), que corresponden a un defecto posterior y superior cerca del anillo tricuspídeo.
Según su tamaño, se clasifican en CIV pequeñas, moderadas y grandes y es aquí donde la ecocardiografía juega un papel importante en el diagnóstico de esta patología.
- CIV pequeñas o restrictivas: existe una resistencia al paso de sangre, dando como resultado un cortocircuito ligero y se suelen diagnosticar por la presencia de un soplo sistólico en los primeros días de vida. Aproximadamente un 35% de ellas presentan un cierre espontáneo en los primeros dos años de vida. Las CIV musculares cierran por el crecimiento del septo muscular y las CIV membranosas por aposición de la válvula septal de la tricúspide.
- CIV moderadas: ofrecen una ligera resistencia al flujo y la presión en el Ventrículo Derecho (VD) y arteria pulmonar pueden estar bajas o ligeramente elevadas. En muchos de estos casos habrá un cierre espontáneo y no se necesitará cirugía.
- CIV grandes: generalmente son de igual o mayor tamaño que la raíz aórtica y prácticamente no ofrecen resistencia al flujo, la presión en ambos ventrículos es igual y el grado de cortocircuito dependerá de las resistencias sistémicas y pulmonares. Clínicamente puede aparecer entre las 2 y las 8 semanas de vida y no se cierran espontáneamente sin cirugía.
Los tratamientos para la comunicación interventricular dependen del tamaño del orificio y de los problemas que el defecto causa. Muchos de estos defectos son pequeños y se cierran por sí mismos, sin embargo cuando el orificio no se cierra solo, se deberá realizar una cirugía reparadora y en determinados casos ésta puede hacerse por vía endovascular, insertando en el corazón un dispositivo de cierre. En IMP tenemos el oclusor ASD de Occlutech, INVIMA 2019DM-0002630-R1 que da como resultado una alineación ideal del tabique, aumentando la ajustabilidad y la seguridad del paciente durante la implantación.